
Un día mi padre preparó su caballo y a mí, mi yegua. Entonces fuimos al arroyo. Mi yegua que se llama Cora se resbaló y se mojaron mis botas y un poquito la montura. Al otro día fui a las vacas con mi abuelo. Las vacas se alejaron y tuve que volverlas.
María Sánchez Tamayo
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